El Castillo de Buen Amor es también conocido como Castillo Villanueva de Cañedo o Castillo de Fonseca. Fue originariamente una fortaleza  militar y las primeras informaciones datan del año 1.227 dC, cuando Alfonso IX de León permuta este lugar, con el caballero santiaguista don Enrique de Sardina por la heredad de Ortazas en Ciudad Rodrigo.

En 1447 perteneció al conde de Alba de Tormes que, en 1476, ya siendo duque de Alba, entrega la localidad de Villanueva de Cañedo con su castillo a los Reyes Católicos, a cambio de la de San Felices de los Gallegos, como un episodio más dentro de las luchas, capitulaciones e intrigas habidas en Castilla durante la conflictiva sucesión de Enrique IV.

La leyenda popular denominó al Castillo-palacio como del Buen Amor al convertirse éste en propiedad del obispo Don Alonso de Fonseca Quijada , que fue Obispo de Cuenca, Ávila y Osma (lo adquirió en 1.477 de Alfonso de Valencia, a quién lo habían donado los Reyes Católicos  un año antes en recompensa por haberles entregado la ciudad de Zamora, durante la guerra civil por la sucesión en el trono de Castilla en que se enfrentaban Isabel La Católica  y Juana la Beltraneja). El Obispo Fonseca  transformó el Castillo en su Palacio donde convivió con, su amante, Doña Teresa de las Cuevas, con quien tuvo cuatro hijos: Gutierre, Fernando, Ana e Isabel. El primogénito Gutierre fue legitimado por los Reyes Católicos en 1492 beneficiario del mayorazgo por decisión de don Alonso pocos años antes de morir y fue nombrado Señor de Viññanueva de Cañedo.

Sobre el personaje de don Alonso Fonseca, iniciador de la casa de Villanueva de Cañedo, sabemos que fue un ferviente seguidor de los Reyes Católicos y capitán del ejército que tomó la ciudad de Toro en 1476 una cadena labrada en piedra sobre un escudo del Obispo, a la entrada del Castillo revela que allí moró el Rey Fernando- y además de sus inquietudes políticas y militares fue el introductor del Renacimiento en dicha ciudad, ya que todos los edificios excepto los financiados por él se construyen en hispano flamenco.

Don Alonso fue un gran mecenas y convirtió el castillo en un palacio lleno de detalles arquitectónicos únicos, predomininando el arte mudéjar, decoraciones gótico-platerescas, bóvedas revestidas en piedra y majestuosos escudos heráldicos.

Don Alonso y Doña Teresa fueron enterrados en torno al año 1506, en el monasterio de San Ildefonso en la ciudad de Toro, aunque en lugares diferentes, yaciendo el obispo en la capilla principal y su amante en la otra capilla del mismo monasterio junto a Doña Isabel Quijada, madre de don Alonso.

En 1615 Felipe III concede el título de primer conde de Villanueva de Cañedo a don Antonio de Fonseca y Enríquez Freire de Andrade y Gúzman, Caballero de la Orden de Santiago, descendente directo del Obispo de Ávila.

La profusión heráldica del escudo con las cinco estrellas en sotuer, del apellido Fonseca, dentro y fuera del castillo, indujeron a ciertos errores en la atribución de la personalidad del promotor de la fortaleza. En un primer momento se dio por seguro que el castillo perteneció a don Alonso de Acebedo Fonseca, arzobispo de Santiago y patriarca de Alejandría, llamado Fonseca II, pero hoy no hay duda de que el fundador fue su homónimo, el mencionado don Alonso Fonseca Quijada, hijo del Pedro Fonseca e Isabel de Quijada y primo de Alonso Acebedo Fonseca, conocido por; Fonseca II, ambos a su vez sobrinos de Alonso de Fonseca y Ulloa, arzobispo de Santiago y Sevilla, Fonseca I.

Posteriormente, el Castillo deja de pertenecer a los descendientes de Fonseca y pasa a pertenecer al duque de Sexto, conde de Grajal y marqués de Alcañices y sus herederos hasta principios del s. XX. Posteriormente, el pueblo de Villanueva de Cañedo desaparece, surgiendo una dehesa en sus inmediaciones, y los vecinos de las zonas cercanas utilizan los sillares de la fortaleza para construir sus casas, ya que en aquella época el castillo se encontraba en un estado de abandono muy avanzado y muchas piedras se habían caído de sus muros y almenas.

En los años 20, fue propiedad del marqués de Ivanrey, don Fernando Soriano y Gaviria Moreta y Gutierrez, diputado de las Cortes por Peñaranda de Bracamonte y senador vitalicio del Reino. Siendo él su propietario, el Castillo es declarado Monumento Histórico Artístico por Decreto de 3 de junio de 1931.

A pesar de este reconocimiento, en esta época el castillo no tiene gran consideración para sus propietarios, siendo la finca a la que pertenece, de más de 2000 ha, la que realmente tiene un valor económico elevado. De hecho, hasta mediados del s. XX el Castillo era utilizado como almacén agrícola, actividad principal de la zona. El estado de abandono fue tal que en la torre del homenaje, completamente desmochada, llegó a haber una encina centenaria y en 1933 sufrió un espantoso incendio que acabó con parte de las techumbres de los pisos superiores.

En 1957, el Comisario General del Patrimonio Artística Nacional, don Francisco Iñiguez Almech, avisa en su Informe de 6 de febrero, de Paz de la situación de ruina en la que se encuentra el Castillo, así como de la prohibición de retirada de piedras ni de cualquier elemento que pudiera acelerar aún más la ruina del edificio. En el Informe se urge además al arreglo de algunas zonas de las cubiertas, cuyo abandono podría ser causa de una ruina inmediata. Sin embargo, estas adverencias son desoídas por el entonces propietario.

Es en estas circunstancias, cuando en 1958 pasa a ser propiedad de la familia Fernández de Trocóniz, que procede a su urgente restauración. De esta forma, con el asesoramiento y dirección técnica del arquitecto de la Comisión Provincial de Monumentos, don Fernando Población, se lleva a cabo le reconstrucción y restauración del Castillo, con la aprobación de la Dirección General de Bellas Artes, Las obras se inician en 1959. Se introduce agua, luz y teléfono en el edificio. Se procede a solar y amueblar todo el interior.

En un primer momento, la restauración se hizo con vistas a abrir una hospedería, pero finalmente el castillo no se convertió en Posada hasta el año 2003. En esta última restauración se introdujeron el resto de comodidas del sXXI: calefacción, aire acondicionado, internet... Todos los suministros se instalan de la forma más sutil, respetando al máximo la identidad y la historia del edificio y sus piedras. Además, se consigue devolver a la vida antiguas estancias olvidadas del sXI, como el Paso de Guardia.

La cuidada decoración busca no destacar sobre el edificio, siendo muy sobria, característica de castilla. Cada habitación es única y todas distintas, respetando al máximo la estructura original del castillo, ya que se utilizó cada estancia para reconvertirla en los actuales aposentos en los que imaginar cómo fue la vida en otra época.